CUENTO POPULAR. Ejercicio de escucha en Español. APRENDER ESPAÑOL con HISTORIAS. Cuentos para pensar




¡Hola amigos, bienvenidos un día más a español y olé!


Vamos a empezar con nuestro mantra particular: yo hablo español, yo hablo español, yo hablo español.


Bueno, pues veréis hoy traigo un vídeo un poco inusual, una cosa inusual es una cosa que no es muy común, porque normalmente me preparo el vídeo y me hago una especie de guión para ver lo que tengo que decir o para ver lo que voy a decir.

Pero, hoy no tengo ese guión porque lo que yo quería hacer no lo he encontrado. Veréis, hace tiempo y no me acuerdo dónde, escuché una historia que me encantó, una historia de estas que a mí no me gusta contar, que tiene una moraleja, un aprendizaje al final.


Era una historia muy bonita y yo pensé esta historia la voy a contar a mis amigos de español y olé. Bueno pues pasaron los días y de repente el otro día me acordé de esta historia y me dije, voy a ver, voy a buscar por internet para documentarme, para saber cómo era la historia y poder contarla muy bien, pero ¿Qué pasó? Que estuve mirando por internet y no, no la encontré, no sabía dónde estaba.


Quizá cuando os la cuente algunos de vosotros me puede decir, ah pues yo sí sé dónde está la historia, yo la encontré. El caso es que yo estaba buscando por internet y no la encontré y entonces pensé bueno pues no la voy a contar, pero al final dije: Bueno si yo la historia la sé más o menos, así que la voy a contar con mis propias palabras.


La historia dice así: Había una vez en un reino un rey muy poderoso, un rey con muchas riquezas, con muchas joyas. Era gobernador de muchos dominios, de muchas tierras, su reino se extendía allende los mares, allende quiere decir más allá de los mares, su poder era infinito. Era la envidia de cualquiera de sus súbditos. Los súbditos son las personas pues que forman parte de un reino y están digamos a cargo de ese rey. Bueno, pues era la envidia de todos sus súbditos, todo el mundo desearía ser tan rico y tan poderoso como el rey. Pero pasaba una cosa, que el rey no era feliz y pasaba muchos días melancólico y triste paseando por sus jardines haciéndose esa pregunta : Si yo lo tengo todo, si soy poderoso, rico y cualquiera querría estar en mi lugar, ¿Por qué yo no soy feliz?


Se enteró entonces de que en una montaña, en sus reinos, vivía un sabio que a pesar de ser pobre, a pesar de no tener prácticamente nada, se decía que era el hombre más feliz del mundo y el rey... al rey le entró curiosidad, quería saber quién era aquella persona. ¿Por qué era tan feliz si no tenía nada? Y entonces lo mandó llamar.


Todas las personas que trabajaban para el emperador se pusieron a la búsqueda, fueron al bosque y encontraron al sabio. El sabio, vale, decidió aceptar la propuesta y fue a donde estaba el rey y dijo:


- Su majestad, me ha hecho usted llamar. ¿En qué puedo ayudarle?


El rey le dijo:


- Mira sabio, soy el hombre más rico, el hombre más poderoso de todos los países que conozco, sin embargo a pesar de ello tengo un problema y es que no soy nada feliz y me enterado de que tú eres una persona sabia, una persona feliz y quería que me dijeses cuál es la receta, cómo lo haces, que tengo que hacer para hacer como tú. Te ofreceré por ello todo lo que tú quieras, todo lo que me pidas, todas las riquezas, todos los cofres de oro o incluso te pagaré con una gran extensión de tierras, lo que tú me pidas será para ti, si a cambio tú me dices cuál es el secreto para ser feliz.


El sabio se quedó muy pensativo, pensó durante mucho tiempo y finalmente le dijo al rey:


- Majestad, el secreto que yo sé, no se puede pagar con dinero.


El rey le dijo:


- Piensatelo bien, puedo hacerte un hombre inmensamente rico.


El sabio insistió.


- Su majestad, lo voy a pensar, pero ya le digo a usted que el secreto que yo sé, no se puede pagar con dinero.


Bueno pues el sabio se fue y al cabo de un tiempo regresó. Le hicieron saber al rey que el sabio estaba allí, que el sabio había decidido darle la receta para la felicidad. El rey muy contento y muy deseoso de saber este secreto, esta receta, lo hizo llamar a su presencia. El sabio se presentó con un cofre, un cofre muy pequeño, el rey estaba realmente intrigado. ¿Cómo podía estar el secreto de la felicidad en ese cofre tan pequeño?


El rey estaba hecho un manojo de nervios y le dijo al sabio:


- Sabio por favor, abre el cofre para ver cuál es el secreto de la felicidad, no puedo esperar más.


El sabio le ofreció el cofre a al rey y el rey abrió el cofre. ¡Cuál fue la sorpresa del rey cuando en el interior del cofre encontró un pequeño anillo de oro! Se quedó muy sorprendido, porque ¿Cómo iba a ser un pequeño anillo de oro pues la receta al secreto para la felicidad? No tenía ningún sentido. Y entonces le pregunto al sabio:


- Sabio, ¿Ésto qué es? ¿Qué significa esto? Un pequeño anillo de oro no puede ser el secreto para nada. Yo tengo muchísimos anillos de oro, ¿Para que quiero uno más?


Y el sabio le contestó:


- Sí majestad, sé que usted tiene muchos anillos de oro, pero no tiene ninguno como éste. Por favor, lea usted la inscripción que está tallada en el anillo.


O sea el anillo tenía un mensaje, tenía una frase escrita. El rey lo leyó, lo miró y leyó:


- Nada permanece.


Se quedó muy sorprendido, nada permanece.


- ¿Ésto que significa? ¿Qué quiere decir?


Y el sabio le dijo:


- A partir de ahora cada vez que usted esté triste o que esté pensativo o melancólico, mire a su mano, mire su anillo y lea las palabras: nada permanece. Ésto le hará recordar que todo en esta vida es cambiante, todo fluye, lo que antes era de una manera dentro de un rato será de otra, no se apegue a nada material, ni a nada que suceda, ni a ningún acontecimiento porque todo es cambiante. Cuando usted comprenda que nada permanece y que todo es cambiante aprenderá a ver la vida con otros ojos, de otra manera, como ya le he dicho, sin apegarse a las cosas y poquito a poco esto será para usted la receta de la felicidad.


¿Qué os parece? A mí el cuento me encantó y me hizo pensar un montón y me acordé de unas palabras de un filósofo antiguo no sé de qué año, en qué año vivió, que se llamaba Heráclito de Éfeso, que decía “nada permanece, todo fluye, un hombre no se baña dos veces en el mismo río”. Me gustó mucho y por eso decidí contaros este cuento aunque como ya digo no lo he encontrado.


Así que me encantaría saber en vuestros comentarios qué pensáis acerca de ésto. Si os ha gustado, si os ha hecho pensar algo o si ha removido algo en vuestro interior. No sé, contádmelo todo en los comentarios.


Bueno amigos pues esto ha sido todo por hoy, ha sido un vídeo inusual que espero que os haya gustado. No olvidéis suscribiros al canal y nos vemos aquí, en futuros vídeos de español y olé. Un beso y hasta muy pronto, adiós.



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